jueves, 11 de octubre de 2012
La Revolución solo está comprometida con el pueblo
Cuando triunfó la Revolución, muchos politiqueros, explotadores, magnates y todo tipo de personajes que habían hecho maridaje con la tiranía batistiana, pensaron que, como era tradición en Cuba, sólo se había producido en cambio de hombres en el gobierno. Y se aprestaban a buscarse un lugar desde donde continuar viviendo con sus privilegios, a costa del pueblo.
“Esta es tu casa, Fidel”. Tal plaquita se puso en la puerta principal de muchos palacetes donde, más que cubanos, vivían camaleones que pretendieron engañar al pueblo. Algunos hicieron donaciones de reses, de implementos agrícolas, o de dinero para la Reforma Agraria a la cual, llegado el momento, combatirían, en contubernio con el gobierno imperialista de los Estados Unidos.
Fueron los mismos que se sumaron a la estampida cuando vieron frustradas sus aspiraciones y llegaron a la conclusión de que esta era una revolución verdadera y no un “quítate tú para ponerme yo”, como lo habían pensado.
Comenzaron, desde entonces, a difundir la mentira de que Fidel Castro los había traicionado. Se sentían con el derecho de continuar expoliando al pueblo y, por lo tanto, engañados al no poder hacerlo. En realidad, no tuvieron nunca razón para pensar de esa forma. Porque Fidel, desde el mismo juicio del Moncada, el 16 de octubre de 1953, hablo con claridad y definió hacia dónde iría la Revolución una vez logrado el triunfo.
“Los demagogos y los políticos de profesión quieren obrar el milagro de estar bien en todo y con todos, engañando necesariamente a todos en todo” -expresó en esa ocasión, rodeado de soldados con bayonetas- añadiendo que “Los revolucionarios han de proclamar sus ideas valientemente, definir sus principios y expresar sus intenciones para que nadie se engañe, ni amigos ni enemigos”. Y así lo hizo.
“Cuando hablamos de pueblo, no entendemos por tal a los sectores acomodados y conservadores de la nación, a los que viene bien cualquier régimen de opresión, cualquier dictadura, cualquier despotismo, postrándose ante el amo de turno hasta romperse la frente contra el suelo. Entendemos por pueblo cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, a la que todos ofrecen y a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación, la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes y está dispuesta a dar para lograrlo, cuando crea en algo o en alguien, sobre todo cuando crea suficientemente n sí misma, hasta su última gota de sangre”
Y su definición de pueblo fue más puntual aún: “Nosotros llamamos pueblo, si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo (…) a los quinientos mil obreros del campo, que habitan en bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto, compartiendo con sus hijos la miseria (…) a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados, cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba”
En su concepto de pueblo, no fueron incluidos los explotadores, los magnates, los terratenientes, los políticos corruptos, los militares asesinos.
Incluyó Fidel a los cien mil agricultores pequeños que trabajaban la tierra sin ser suya; a los treinta mil maestros y profesores que tan mal se les trataba y pagaba; a los veinte mil pequeños comerciantes, abrumados de deudas, arruinados por la crisis; a los diez mil profesionales jóvenes médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores que al graduarse se enfrentaban a un callejón sin salida.
Y fue a ese pueblo a quien Fidel, preso y solitario, enfrentando al Tribunal que lo condenaría a 15 años de prisión, le hizo una promesa: si triunfaba la Revolución, no decirle “Te vamos a dar”, sino ¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad! Y eso fue lo que hizo desde el 1ro. de enero de 1959.
Los seis graves problemas de la nación cubana, abordados por Fidel en su alegato de auto defensa conocido como La historia me absolverá: el problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación, y el problema de la salud del pueblo, fueron parte decisiva del programa del Moncada, cumplido y sobre cumplido en los primeros años de la Revolución.
Cada ley revolucionaria, siempre a favor del pueblo, atrajo sobre sí el odio imperial y contrarrevolucionario. Así, se dedicaron a combatir a la Revolución con el fin de destruirla. Pero el pueblo, desde el inicio, se preparó para defender sus conquistas.
Las mentiras y el engaño han sido siempre armas predilectas de la contrarrevolución y los gobiernos de los Estados Unidos para combatirla. Y entre sus falsos argumentos, está el invento de que fueron traicionados.
Como está demostrado, la política revolucionaria trazada por Fidel estuvo bien clara antes del 1ro. de enero de 1959. Y víspera de la agresión mercenaria de Playa Girón, el Comandante en Jefe de la Revolución cubana ratificó sus concepciones sobre la lucha, al proclamar el carácter patriótico, democrático y socialista de la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Los traidores, los explotadores, los latifundistas, los políticos corruptos, los ladrones, los asesinos, no cupieron nunca, como sucede hoy, en el concepto de pueblo. Siendo así, ¿de cuál traición hablan? ¿Haberle arrebatado a ellos el poder para entregarlo al pueblo, es alguna traición? Y ese pueblo verdadero no ha sido, ni será nunca, traicionado por la Revolución, porque él mismo es la Revolución.
Y hoy, al rememorar esos pasajes sobre los principio planteados por Fidel en La historia me absolverá, válido es recordar, sobre todo a quienes no pierden las esperanzas del regreso a un pasado capitalista de Cuba, lo proclamado por el jefe de la Revolución en aquel momento, convertido hoy en determinación de todo el pueblo. “Vivimos en un país libre que nos legaron nuestros padres y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie”
miércoles, 10 de octubre de 2012
Homenaje a Martí y Céspedes en sus tumbas
Una representación del pueblo santiaguero rindió homenaje, hace pocos minutos, al Héroe Nacional cubano, José Martí y al Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, en el cementerio de Santa Ifigenia, donde se atesoran los restos de ambos insignes patriotas. El tributo se realizó con motivo del aniversario 144 del inicio de la primera Guerra de Independencia contra el colonialismo español, cuando Céspedes, luego de liberar a sus esclavos, se lanzó a la manigua a una guerra que duró diez años, pero que no obtuvo del triunfo no por la fuerza de España, sino por las divisiones internas de los revolucionarios. Ofrendas florales en nombre del Comandante en Jefe Fidel Castro, de Raúl, de los Consejos de Estado y de Ministros y del pueblo de Cuba fueron colocadas junto a la urna que guarda los restos martianos, al tiempo que otra en nombre de todos los cubanos se depositó al lado del obelisco a Carlos Manuel. Autoridades políticas,del gobierno, oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, junto a estudiantes y combatientes de la Revolución, estuvieron presentes en el homenaje.
martes, 9 de octubre de 2012
¡Libertad para los Cinco! Que la justicia se imponga a la injusticia
.Orlando Guevara Núñez
La permanencia en prisión de los cinco héroes cubanos presos en los Estados Unidos por ser antiterroristas, sigue siendo una mancha para el sistema judicial norteamericano. Cada día se abre ante el mundo la verdad de que Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René son inocentes, y que fueron detenidos, juzgados y sancionados en un proceso que viola las leyes internacionales, las de ese país y hasta la propia Constitución de un Estado que se auto erige campeón mundial de los derechos humanos y de la democracia.
Como no pudieron encontrar pruebas para enjuiciarlos por los delitos de cometer espionaje y cometer asesinato – este último cargo imputado a Gerardo- inventaron el de “conspiración” para cometerlos.
El caso de Gerardo, está plenamente probado, no incurrió en el delito de conspiración para cometer asesinato. La propia Fiscalía planteó no tener pruebas al respecto, al tiempo que se supo por el tribunal que fue la parte norteamericana la que informó al gobierno cubano sobre la decisión del vuelo de las avionetas que, al violar el espacio aéreo cubano con fines de subversión, fueron derribadas en territorio de nuestro país. Gerardo, como se probó, estuvo al margen de este acontecimiento.
En cuanto al delito de conspiración para cometer espionaje, los propios testigos declararon que en las casi 20 000 páginas ocupadas a los prisioneros, ni una sola contenía información sobre el gobierno de los Estados Unidos, ni nada que atentara contra la seguridad de ese país.
Ninguno de los Cinco obtuvo, ni trató de obtener, ese tipo de información, por lo que el calificativo de espía es totalmente falso y apegado más a la política que a la justicia.
Mucho más conocida por el propio gobierno de los Estados Unidos y los jueces que han intervenido en el proceso, es la verdad de que los patriotas cubanos, al ser detenidos, cumplían la misión de penetrar los grupos terroristas y contrarrevolucionarios que actúan con impunidad y apoyo en territorio norteamericano para realizar sabotajes en Cuba y atentar contra la vida de nuestros dirigentes.
Muchos de esos terroristas, siguen libres en los Estados Unidos, pese a ser confesos y alardear públicamente de sus crímenes. Eso demuestra la realidad de que en ese país, ser terrorista es una condición que se premia, mientras que ser antiterrorista es un grave delito que se castiga incluso por encima de la ley.
En el mundo, incluyendo los propios Estados Unidos, muchas organizaciones, grupos, comités de solidaridad y personalidades, levantan sus voces para protestar contra la injusticia y exigir la libertad inmediata de los cinco cubanos.
Todas las instancias judiciales, sin embargo, se han sumado a la injusticia. El presidente Obama, tiene, en ese caso, la potestad de otorgar la libertad a estos prisioneros, lavando así la mancha que hace más de 14 años empaña la moral y credibilidad de la justicia en ese país.
Obama heredó esa infamia, pero en lugar de rectificarla, incluso por su condición de abogado, la ha asumido y apadrinado.
Los cubanos continuaremos la lucha hasta que los CINCO estén de regreso a la Patria, junto a su familia y su pueblo. Hasta que la injusticia ceda su lugar a la justicia, y la verdad se imponga a la mentira.
lunes, 8 de octubre de 2012
El Che: Sigue transitando hacia la historia americana
Orlando Guevara Núñez
La figura de Ernesto Guevara de la Serna, el Che, es hoy, a 45 años de su desaparición física, más inmensa. Sus enemigos quisieron matarlo, reducirlo al silencio, y lo que lograron fue convertirlo en símbolo y en himno de combate de millones de personas en el mundo.
Los cubanos vivimos orgullosos de haber tenido al Che junto a nosotros durante la lucha libertaria en la Sierra Maestra, donde se fraguaron sus dotes de valiente guerrillero, de jefe militar, y se desarrollaron sus cualidades de revolucionario.
Junto a Raúl Castro, fue de los dos primeros en la lista de futuros expedicionarios del Granma, donde vino como Teniente Jefe de Sanidad. Y a los tres días del desembarco, en Alegría de Pío, su sangre se fundió para siempre con la tierra cubana. Luego de la dispersión tras ese bautizo de fuego, estuvo en el grupo que se reagrupó con Fidel para continuar la lucha armada por la liberación de la nación cubana.
Aún siendo el médico del grupo , se destacó como combatiente en La Plata y en El Uvero, escenarios de la primera victoria militar rebelde y el ascenso – en su propio decir- a la mayoría de edad de la guerrilla. No hubo que pedírselo, pues él mismo se ofreció para ocupar un riesgoso puesto de combate. Terminado el épico encuentro de El Uvero, ejerció su profesión de médico, curando no solo a sus compañeros heridos, sino también a los enemigos. Luego, durante el tiempo necesario, permaneció junto a los heridos rebeldes.
“Che era un insuperable soldado; Che era un insuperable jefe; Che era, desde el punto de vista militar, un hombre extraordinariamente capaz, extraordinariamente valeroso, extraordinariamente agresivo. Si como guerrillero tenía un talón de Aquiles, ese talón de Aquiles era su excesiva agresividad, era su absoluto desprecio al peligro”. Así lo describió el Comandante en Jefe Fidel Castro.
Esas cualidades determinaron que fuera el Che el primer guerrillero ascendido por Fidel al grado de Comandante del Ejército Rebelde y designado jefe de la Columna 4, primera surgida de la Columna madre, desarrollando importantes y victoriosos combates que fortalecieron las posiciones de la guerrilla.
De esa función sería relevado el Che para ser designado al frente del Campamento de Reclutas de Minas del Frío y preservarlo para misiones más importantes. Hasta que, llegado el momento, fue nombrado jefe de la Columna 8 “Ciro Redondo” que, junto al Comandante Camilo Cienfuegos al frente de la Columna 2 “Antonio Maceo”, realizaría la proeza de la invasión, a la que se sumó el ataque y liberación de la ciudad de Santa Clara, venciendo fuerzas superiores en hombres y en armas
“No es fácil conjugar en una persona todas las virtudes que se conjugaban en él. No es fácil que una persona de manera espontánea sea capaz de desarrollar una personalidad como la suya. Diría que es de esos tipos de hombres difíciles de igualar y prácticamente imposibles de superar. Pero diremos también que hombres como él son capaces, con su ejemplo, de ayudar a que surjan hombres como él”. Esta aseveración de Fidel, retrata en toda su dimensión al Che, de quien dijo también el máximo jefe de la Revolución:
“Porque Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas. El descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de acción insuperable: Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción”.
Al Che lo recordamos los cubanos como un incansable trabajador que dedicaba su tiempo extra laboral al trabajo voluntario, que no concebía el ocio, ni desperdiciaba un minuto sin dedicarlo a algo útil. Y junto a esto, la superación, el aprendizaje constante, como un quehacer habitual, natural, necesario a su propia existencia. Así lo demostró en sus múltiples responsabilidades, como las de Presidente del Banco Nacional, director de la Junta de Planificación, Ministro de Industrias, como Comandante de regiones militares y jefe de delegaciones de tipo político, económico, o fraternal en las cuales representó con dignidad a Cuba.
Del Che recordamos sus valiosos relatos sobre hechos relevantes de la lucha, recogidos luego en su libro “Pasajes de la guerra revolucionaria”. Sus escritos sobre economía, sobre el papel de las universidades, sobre la lucha necesaria contra el imperialismo. Perduran sus análisis profundos sobre el papel del hombre en el socialismo, sobre los mecanismos de estimulación para convertir en conciencia el deber del trabajo. Y también sobre la lucha ideológica entre el socialismo naciente y el capitalismo en decadencia.
En el Che pensamos los cubanos cuando la Patria nos convocó al cumplimiento de riesgosas misiones internacionalistas, sin otro incentivo que arriesgar la vida en aras de preservar la de millones de seres humanos agredidos, explotados y oprimidos por el imperialismo internacional. Ese internacionalismo, del cual fue él su mejor exponente, sigue siendo parte de la conciencia de nuestro pueblo.
En Cuba, cada mañana, en las escuelas y otras actividades patrióticas, un infinito coro de voces infantiles repite la consigna de Pioneros, por el comunismo ¡Seremos como el Che! No faltan quienes afirmen la imposibilidad de que alguien sea como el Che. Pienso que desde el punto de vista de todas las cualidades y de todos los méritos acumulados en la figura de tan extraordinario hombre, determinados por su actitud en los momentos que le tocó vivir, el Che es, sencillamente, irrepetible. Pero de lo que se trata no es de copiar una figura, sino de asimilar virtudes.
Se puede ser valiente, trabajador, internacionalista, profesar los más puros sentimientos de amor, sentir y practicar la solidaridad humana, estar dispuesto a ofrendar la sangre y la vida por cualquier causa justa en cualquier parte del mundo, odiar al imperialismo y luchar contra éste donde sea necesario. Y se puede ser abanderado de la verdad, de la honestidad y la confianza en la Revolución y en el ser humano. Como lo fue el Che.
Fidel resumiría así el legado del Che a nuestro pueblo: “Nos dejó su pensamiento revolucionario, nos dejó sus virtudes revolucionarias, nos dejó su carácter, su voluntad, su tenacidad, su espíritu de trabajo. En una palabra, ¡nos dejó su ejemplo! ¡Y el ejemplo del Che debe ser un modelo para nuestro pueblo, el ejemplo del Che debe ser el modelo ideal para nuestro pueblo!
Hoy, las ideas del Che florecen no solo en Cuba. Se multiplican en otros pueblos de nuestra América donde son enarboladas como símbolo de independencia y soberanía, proclamadas por millones de seres humanos y por dirigentes que decidieron unir su vida al destino libre y digno de sus pueblos, frente a un mismo enemigo: imperialismo norteamericano.
En su poema titulado Canto a Fidel, antes de partir en la expedición del Granma, el Che escribió:
Y si en nuestro camino se interpone el hierro /pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos/ en el tránsito a la historia americana.
Nada más. Ese tránsito, a esa historia, continúa con rumbo firme.
La imagen del Che está diseminada en muchos países del mundo, acompañando demandas de libertad y de justicia. Recorre calles y avenidas, alimenta esperanzas de redención. Es filo cortante de grilletes esclavos y heraldo de tiempos de revolución por venir, pero que se engendran en la lucha de masas irredentas, ansiosas de un mundo mejor que ahora reconocen posible.
Los restos venerados del Che y de sus compañeros caídos en Bolivia, no puede decirse que reposan en Cuba; valdría mejor decir que son eternos centinelas de nuestra obra, prestos siempre, como cantó el poeta Bonifacio Byrne, a alzar sus brazos para defender nuestra bandera. El destacamento de refuerzo, los llamó justamente Fidel.
Por eso ahora, a 45 años de la caída del Che y sus aguerridos combatientes internacionalistas, vale dedicarles lo que ellos más quisieron y fue la razón de su vida: la obra revolucionaria que construimos, fortalecemos y defendemos. Y la confianza de que seguiremos juntos, fieles al grito que, más que despedida, es expresión de encuentro y de abrazo eternos:
¡Hasta la victoria siempre!
.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Roberto
A veces, cuando a mi mente acuden, como imágenes cinematográficas, los días felices, trágicos o simplemente rutinarios de la niñez, la figura de Roberto ocupa siempre un lugar, formando parte de los recuerdos dolorosos.
Roberto tenía unos 20 años de edad y estaba entre los mayores de los nueve hermanos. Era largo y flaco. Enfermo siempre, aunque muchos decían que sólo padecía de anemia. Daba la impresión, por su semblante triste, de que él estaba resignado a morir, o por lo menos acostumbrado a la idea de que sus males no tenían cura. Hasta en la forma de sonreír lo demostraba.
Médicos públicos no existían en la zona, ni en el poblado cercano. Los particulares cobraban por la consulta lo que los padres del muchacho no podían pagar. Y nada se hacía, de todas formas, si se lograba que el médico lo viera, porque las recetas corrían después, invariablemente, el riesgo y la mala suerte de quedarse estrujadas en los bolsillos o entre las manos, sin llegar a convertirse en medicinas.
No faltaban quienes aseguraban que “eso era un daño, un castigo”, que a Roberto “le habían echado un mal”. Tampoco quienes creyeran en esa posibilidad, aunque al mismo tiempo se preguntaran si era justo que un muchacho tan noble sufriera ese cruel destino.
Pero si Roberto parecía estar resignado a morirse, sus familiares no. Fue por eso que la imagen del enfermo, sentado sobre un taburete, con su ya esquelética figura, apareció un día en la sección ¡Arriba, corazones!, de la revista Bohemia. Pero la caridad pública sólo consiguió la recaudación de unos míseros centavos que para nada sirvieron. Quienes podían, no se conmovían ni daban; quienes no podían, tal vez se conmovieran, pero nada estaba a su alcance hacer.
Tampoco pudo contarse con un “anticipo” del latifundista para quien trabajaba el padre de Roberto. Creo que fue entonces cuando la familia llegó a la conclusión de que la muerte rondaba el empobrecido bohío.
Y esa fue la impresión que saqué del lamento escuchado, en forma de décima campesina, de labios del padre abatido, mientras las cuerdas de su guitarra sonaban muy bajito, como para que nadie tuviera que compartir el dolor de tan lacerante verdad. No supe nunca de cual poeta tomó prestado el patético argumento.
El pobre nunca pasea,
no come ni duerme bien
porque tiene más de cien
cosas que nublan su idea.
Hay veces que se desea
la muerte por no sufrir;
¿De qué la vale vivir
cuando es pobre y nada tiene?
¡Nace al mundo y sólo viene
para tener que morir!
Nunca llegó a conocerse el nombre de la enfermedad que le arrebató la vida a Roberto. El secreto se marchó con él hasta su tumba. Y en la mente de los familiares quedó hondamente grabado el símbolo de la impotencia.
Hoy en Cuba nadie viene al mundo sólo “para tener que morir”. Ni nadie depende de la caridad pública o de la mezquindad de un terrateniente para recibir asistencia médica. Porque ahora tenemos socialismo en lugar de capitalismo. Afortunadamente, el recuerdo de Roberto, su agonía y su muerte, forman parte también de un pasado sin posible regreso a los campos cubanos.
martes, 11 de septiembre de 2012
Juan Almeida Bosque, símbolo imperecedero de la Revolución.
Orlando Guevara Núñez
El Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque es, para los cubanos, un símbolo. Aprendimos a admirarlo desde los días iniciales de la guerra revolucionaria. Fue asaltante del Cuartel Moncada, el 26 de Julio de 1953. Luego, expedicionario del Granma, donde vino como capitán y jefe de Pelotón.
El nos legó, en Alegría de Pío, el 5 de diciembre de 1956, tres días después del desembarco para reiniciar la lucha armada por la definitiva liberación de Cuba, el grito de ¡Aquí no se rinde nadie…! seguido de una palabra muy característica de los cubanos en los momentos difíciles.
Sus cualidades como combatiente, le merecieron la confianza del Comandante en Jefe Fidel Castro para ascenderlo a Comandante del Ejército Rebelde y nombrarlo jefe de la Columna 3 Santiago de Cuba, con la misión de abrir el III Frente Oriental Doctor Mario Muñoz Monroy, hecho que ocurrió el 27 de febrero de 1958.
El nuevo frente guerrillero quedó oficialmente fundado el 6 de marzo de 1958. Almeida supo dirigir esa fuerza guerrillera y cumplir con éxito la misión de Fidel de cercar a la ciudad de Santiago de Cuba, hostigar al enemigo en su territorio, impedir que las fuerzas de la capital oriental apoyaran a los cuarteles sitiados y atacados por el Ejército Rebelde, y contribuir al triunfo definitivo de la Revolución.
Su labor luego de la victoria revolucionaria del 1ro. de enero de 1959 fue multifacética. Desempeñó diversas funciones en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En la otrora provincia de Oriente estuvo como Delegado del Buró Político. Siempre sintió por Santiago de Cuba un cariño muy profundo, como lo sintieron los hijos de esta ciudad por él.
Hoy, a tres años de su desaparición física, los santiagueros lo recordamos como lo que siempre será para nosotros: un símbolo de Revolución.
domingo, 12 de agosto de 2012
¡Felicidades, Fidel!
.Orlando Guevara Núñez
Este 13 de agosto, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro cumple 86 años. Hombres de su talla, tardan en aparecer a veces siglos. A los cubanos nos corresponde el orgullo de tener entre nosotros a quien inició una nueva era en nuestra Patria, la era del socialismo, que trasciende hoy nuestras fronteras para insertarse en otros pueblos de este Continente.
Nacido en cuna de acomodados, decidió desde muy joven, asimilando la doctrina martiana, echar su suerte con los pobres de la Tierra.
Cuando aún no había cumplido los 20 años de edad, se destacaba ya en las luchas políticas estudiantiles, y su pensamiento comenzaba a trascender los muros de las aulas, para penetrar en los graves problemas de la nación cubana, sumida en la corrupción de gobernantes subordinados al gobierno de los Estados Unidos.
Estuvo en sus inicios entre los cubanos que creyeron en la posibilidad de la lucha cívica y la vía electoral. Pero el golpe de estado batistiano del 10 de marzo de 1952, lo convenció de que la verdadera libertad cubana dependería solo de la lucha armada que derrocara el poder tiránico para conseguir después las reivindicaciones políticas, económicas y sociales del pueblo tantas veces engañado y defraudado.
Esa convicción, lo lleva a preparar y ejecutar, el 26 de julio de 1953, el asalto glorioso a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. En esa acción, expuso su vida para demostrar sus verdades. Aquella épica mañana, inició para Cuba la última etapa de lucha por su libertad e independencia.
La acción del Moncada, sustituyó la vía electoral por la lucha armada, destacó a Fidel como líder verdadero, propició un programa revolucionario que recogía las verdaderas aspiraciones del pueblo, y generó la organización encargada de llevar a ese pueblo a la lucha y conducirlo a la victoria.
A la heroica epopeya, le seguirían los duros días de la prisión en el mal llamado Presidio Modelo, de la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, donde fue condenado a 15 años de encarcelamiento.
La presión popular obligó al tirano Batista a dictar una amnistía, siendo puestos en libertad Fidel y sus compañeros de combate en el Moncada, el 15 de mayo de 1955. Pero dentro de Cuba, era muy difícil poder reorganizar la lucha. Así, el 7 de julio de ese mismo año, parte Fidel hacia México, con el objetivo de reunir recursos, hombres y armas para regresar a Cuba y reiniciar la lucha armada.
EL 2 de diciembre de 1956, al frente de 81 expedicionarios, en el Yate Granma, desembarca por Los Cayuelos, lugar cercano a Playa Las Coloradas, en Niquero, con el fin de internarse en la Sierra Maestra para desarrollar la guerra revolucionaria y alcanzar la definitiva victoria del pueblo.
El 5 de diciembre, los expedicionarios tienen su bautismo de fuego en Alegría de Pío, sufren una derrota militar y se dispersan en pequeños grupos. Tres combatientes perdieron la vida en combate, 18 fueron asesinados, 22 fueron hechos prisioneros, otros 22 evadieron el cerco y salieron de la zona de operaciones, al tiempo que un grupo logró reunirse junto a Fidel, entre ellos Raúl, en Cinco Palmas, el 18 de diciembre.
Fue en esa ocasión que la grandeza de Fidel ganó una nueva estatura, cuando con solo 8 hombres y 7 armas expresó: ¡Ahora sí ganamos la guerra! Luchaba contra un ejército de más de 40 000 hombres, con artillería, tanques, aviones, marina de guerra y asesorado por el ejército de los Estados Unidos.
Después vendrían los combates victoriosos de La Plata, de El Uvero, la guerra se extendería a todo el Oriente cubano, la lucha clandestina tomaría fuerza en las ciudades y llanos, las columnas invasoras de Camilo y el Che marcharían hacia el Occidente, hasta que el Primero de Enero de 1959, las fuerzas de la tiranía se desplomaban. ¡La Revolución cubana era al fin una realidad!
Comenzaba entonces una lucha que hasta hoy no ha terminado: en primer lugar, la de destruir el sistema capitalista en Cuba y, después, la de construir y defender el socialismo.
La dimensión de nuestro máximo jefe, no ha dejado de crecer en todo este tiempo. De inmediato comenzó a aplicarse el Programa del Moncada, respaldados por profundas leyes revolucionarias, como lo fueron en esos primeros años las de Reforma Agraria, Nacionalización de las empresas extranjeras, Reforma Urbana, y Nacionalización de la Enseñanza, entre otras.
Las playas, que eran privadas, fueron puestas al servicio del pueblo; la salud comenzó a ser gratuita para todos; fueron declarados ilegales los juegos de azar, la prostitución, y comenzaron los diversos programas para eliminar el desempleo, el hambre, el analfabetismo y otros males que situaban a nuestro país entre los más pobres de nuestro Continente.
Fidel es Fidel porque siempre ha estado, junto a nuestro pueblo, en la primera línea de combate, al riesgo de su propia vida. Así lo hizo en la etapa de la guerra. Y así lo ha hecho durante estos largos años de lucha. Así lo hizo en Playa Girón, en la Crisis de Octubre de 1962, y cuando el Ciclón Flora, cuando estuvo a punto de morir en un río crecido.
Fidel ha sido el hombre más odiado por el imperialismo norteamericano. Los archivos de nuestra Seguridad del Estado, recogen la historia de 637 intentos de asesinarlo, utilizando los más variados y criminales métodos.
Pero es, a la vez, el hombre más querido no solo por nuestro pueblo, sino también por millones de hombres y mujeres de todo el mundo, donde la solidaridad, el sudor y la sangre de los cubanos se han vertido en pos de un mundo mejor que cada día se sabe más posible.
Su lucha ha sido universal, no solo en defensa de los pobres, sino, además, por su internacionalismo, su antiimperialismo, su defensa de la especie humana ante los graves cambios climáticos, su contribución a la independencia de muchos pueblos y la lucha contra el analfabetismo y la insalubridad en los más apartados y olvidados lugares del planeta que habitamos.
Así es nuestro Fidel. El Fidel del pueblo cubano. El Comandante de América, como muchos lo han calificado. El fundador del primer Estado Socialista de nuestro Continente. El protagonista de la primera derrota militar del imperialismo en América. El creador de nuestro glorioso Partido Comunista de Cuba. El más genial de los seguidores del pensamiento de nuestro Héroe Nacional, José Martí. El eterno líder y guía de los revolucionarios cubanos.
Por eso, este 13 de agosto, desde este pequeño pedazo del Santiago de Cuba al que él vino un día junto a sus compañeros de combate, a ofrecer su sangre y su vida para que Martí siguiera viviendo en el alma de la Patria, lo felicitamos, le deseamos otros muchos años de vida y junto a él seguiremos repitiendo nuestras consignas victoriosas de ¡Patria o Muerte! ¡Socialismo o Muerte! ¡Venceremos!.
Y como regalo especial, en este día, le dedicamos nuestra disposición de continuar cumpliendo lo que de él aprendimos desde pequeños, cuando ante el Tribunal que lo juzgaba por los hechos del Moncada expresó: “Nacimos en un país libre que nos legaron nuestros padres y primero se hundirá la Isla en el mar antes que consintamos en ser esclavos de nadie”
¡Felicidades, Fidel!
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